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Tuesday, July 04, 2006

Quiero ser hijo de una mujer de Atenco

Quiero ser hijo de una mujer de Atenco,

Quiero que me abracen y abrazarlas

Como la semilla a la tierra

Como la mano a la siembra

Quiero que me liberen

Como liberan sus penas

En cada día que están en cárcel

En cada hora que preguntan por él

Por ese hijo que no ven

Por ese hermano que se fue

Por ese amor al que no renunciaré

Por esa locura de ser sólo flor, más que piel.

Quiero ser la sangre de sus venas

Y compartir sus penas

Quiero volar alto a través del cristal

Como su lucha en busca de libertad.

Siento mis carnes desgarradas

Mi cabeza golpeada hasta el hastío

Siento mis piernas arrastras

Y mis caderas violadas y con frío

¿Quién dijo que hay guerras limpias?

¿Por qué hablan de guerra sucia?

¿Por qué quieren que nos callemos?

¿Acaso será porque los que mandan

no son hijos de Atenco, de este rincón de la patria?

¿Quién les dio el derecho de disponer

de nuestros cuerpos?

¿Qué nivel de autoridad dio la orden

para que el torturador sometiera mi cuerpo?

¿Qué torturador podrá dormir tranquilo

después de ver una digna mujer de Atenco?

Mujer de Atenco quiero ser.

Como Velentina y Mariana

Que no bajaron la mirada

Ante la cobarde autoridad.

¿Quién duda que ellas, como

todas y todos somos Atenco?

Soy mujer de Atenco y exijo libertad y castigo a los responsables intelectuales y materiales de violar mi condición de género, mis derechos individuales, civiles, políticos y humanos.

Exijo libertad pero no aquella basada en los criterios económicos de compra venta que se enuncian jurídicamente para legitimar el poder como de por si es ese “orden”:

La libertad para elegir una mercancía;

La libertad para comprar y disponer de un bien, disfrutarlo, enajenarlo, consumirlo y desecharlo;

La libertad para vender una mercancía usufructuarla y obtener un beneficio;

La libertad para difundir a través de la mercadotecnia, la prensa, el radio, la televisión o el internet, los valores absolutos y universales de la mercancía, aunque sea una porquería;

La libertad para desechar esa porquería y contaminar aguas, bosques, selvas, la tierra y el aire;

La libertad para disponer de manera privada a los recursos materiales y humanos, y explotarlos a mi conveniencia;

La libertad para compra y venta de mi trabajo;

La libertad para recibir una ganancia y considerarla fruto de mi esfuerzo, a costa del empobrecimiento de los más;

La libertad para ser considerada (o) como ciudadana (o), con derecho a votar a los que eligieron otros, para que yo los consuma, como asalariado, dominado y sometido, es decir, bestia domesticada o animal dócil;

La libertad de reunión y asociación “libre” (sic) en el mercado de oferentes y demandantes;

La libertad para asociarme en corporativos, trust, carteles, monopolios, oligopolios, consorcios financieros, sindicatos y demás compañías criminales que gozan de impunidad, por esa trillada libertad del sistema capitalista en su criminal etapa de globalización.

La libertad para prostituirme y venderme al mejor postor, denigrando mi conciencia y mi topografía de cuerpo inerme para saciar la lujuria de los hombres enfermos de poder.

Libertad para aprender de memoria, novelas, canciones, humor, entretenimiento y cuentos de que todo esta bien, en el país del no pasa nada.

Veo con horror que en aras y defensa de esa “libertad” y ese “orden” instituido ahora se instala la naturaleza sistémica y anónima de la tortura, los nuevos procedimientos que permiten creer que los métodos fueron diseñados y enseñados para la defensa nacional y preservación del orden racional y burocrático del mal gobierno y el supuesto y cacareado “Estado de derecho”.

Veo que los militares torturadores formados en la Escuela de las Américas de los Estados Unidos, aprendieron muy bien la pedagogía del dolor. cuya base es la desaparición y el confinamiento selectivo del encierro sobre el encierro, como método de control social de los movimientos de resistencia en México y América Latina.

Observo que mi patria chica (Atenco) se desangra, que pretendieron mutilar sus órganos, incineración o sumergimiento de cadáveres y ropa para impedir la identificación y pruebas de la tortura y violación de la que fuimos objeto, pretendieron eliminar nuestra identidad de pueblo en lucha y resistencia contra el mal gobierno. Quisieron convertirnos en delincuentes comunes de alta peligrosidad para evitar la solidaridad del pueblo humilde con nuestra causa y de otros pueblos hermanos que también han sido víctimas y mártires del sistema capitalista y modelo neoliberal, difamaron y mintieron, calumniaron y encerraron sin pruebas, indiscriminadamente, para hacer andar la lenta maquinaria de la justicia putrefacta del sistema que ellos llaman “legal”.

En San Salvador Atenco y Texcoco todos los acontecimientos estaban programados por etapas, con el fin de producir efectos acumulados en la población general. Todo esto conjuga el salvajismo de la burocracia y la clase política del exceso, el cual no es explicable por motivos meramente político sino militares.

Las fuerzas del orden pueden rendir su parte de deber cumplido, ¡los toletes nacionales se cubrieron de gloria!, como en Chile, Argentina y Brasil, ahora, en ese enrejado de represión social pueden decir: ¡misión cumplida! Las fuerzas del orden especializadas, mostraron su profesionalización, por tanto, la elite castrense merece mejor paga y privilegios por encima del común de las fuerzas armadas, pero lo mejor, absoluta impunidad, para ello es que han pasado la “genial” prueba polgráfica.

Las actuaciones o sesiones de tortura se complementaron con ausencia de médicos, enfermeras y psiquiatras que ayudaron con su omisión, a darle sentido a la represión. El pesado y dogmático lenguaje religioso, en la proclamación de guerra santa contra el enemigo tanto interno como externo, pueden proclamar la verdad y pureza de la lucha contra el mal y los designios inevitables de Dios, contra su pueblo rebelde, por ello, es común ver como el obispo de Texcoco comulgó con los militares. Si Dios estuvo de su parte que mal papel hizo, al menos esa es la versión de lectura bíblica al revés, es decir de cabeza y de derecha a izquierda, que han hecho los que auto profesan “pastores del señor”. Quizá después de 50 años exclamen “¡Señor porque permitiste esto a tu pueblo elegido!”

Los militares se incorporan en acciones de policías, prepararon los delatores, infiltraron el movimiento, para que los escuadrones generaran muerte, destrucción y miedo. Atenco no sólo fue el examen de fuego para esa policía especializada, sino para el gobierno de Enrique Peña Nieto, que se instaló dentro del círculo selecto de represores, de gente de mano “limpia” y “firme”. No nos confunden, la izquierda oficial es la izquierda del PRI y la derecha oficial en el poder es la derecha del PRI, ¿qué ha cambiado?

Exigimos libertad para decidir por nosotras y por nuestros cuerpos.

Exigimos libertad para vivir con autonomía y dignidad.

Exigimos libertad por que somos mujeres de Atenco en resistencia.

Exigimos libertad porque no podrán hacer que calle nuestra boca, que lacera sus “buenas” conciencias y enturbia sus pensamientos.

Exigimos libertad porque no podrán ocultar su crimen infame ante el mundo.

Exigimos libertad porque nunca nos rendimos ante el poder.

Exigimos libertad porque todas somos mujeres de Atenco.

Libertad para amar y seguir amando, a pesar de los golpes que pretendieron humillar nuestras vidas.

Libertad para amar y seguir amando la vida, a pesar de que han robado y mancillado nuestros cuerpos con odio y sevicia.

Libertad para amar y seguir amando esta lucha, porque nunca, menos ahora, estaremos vencidas.

Libertad para amar y seguir amando la paz con justicia y dignidad, porque estamos engendrando más rebeldía, en cada brazo, en cada machete que se alza contra nuestra tierra y nuestra gente.

¡Somos mujeres de Atenco, somos dignidad rebelde, somos la Otra campaña!

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